Louis Pasteur nació el 27 de diciembre de 1822 en Dole, Francia. Fue un químico y biólogo miembro de la Academia Francesa desde 1881, que adquirió fama por demostrar, a través de sus estudios sobre la fermentación, el papel de los microorganismos en diversos procesos que afectan a animales y seres humanos.

De joven no fue un estudiante destacado en ciencias naturales; de hecho, si demostraba alguna aptitud especial, era en el área artística de la pintura. Su primera ambición fue ser profesor de arte. 

En 1842, tras desempeñarse como maestro en el Collège Royal de Franche-Comté, en Besaçon, obtuvo el título universitario de Bachelier en Sciences Mathématiques en Dion, con calificación mediocre en química. 

Posteriormente, su padre lo envió a la Escuela Normal Superior de París, pero no permaneció allí mucho tiempo y regresó a su tierra natal. Al año siguiente volvió a París. 

En agosto de 1847 obtuvo su Doctorado en Ciencias en la Facultad de Ciencias de París, con una tesis titulada "Recherches sur la capacité de saturation de l'acide arsénieux. Études des arsénites de potasse, de soude et d'ammoniaque”. 

 Además, presentó una tesis de Física titulada: "1. Études des phénomènes relatifs à la polarisation rotatoire des liquides. 2. Application de la polarisation rotatoire des liquides à la solution de diverses questions de chimie”.

Luego de completar sus estudios en la École Normale Supérieure, obtuvo, a los 26 años, el título de profesor de física en el Liceo de Dijon, tras haber descubierto la estructura de los cristales de ácido tartárico, aunque su verdadero interés era la química. 

Entre 1847 y 1853 fue profesor de Química en Dijon y luego en Estrasburgo, donde conoció a Marie Laurent, hija del rector de la Universidad, con quien contrajo matrimonio en 1849. Tuvieron cinco hijos, pero solo dos, Jean-Baptiste y Marie-Luise, llegaron a la adultez. Los otros tres fallecieron tempranamente a causa del tifus.   

En 1854 fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias en la Universidad de Lille.

En 1857 se desempeñó como director de estudios científicos en la Escuela Normal Superior de París. Entre 1859 y 1864, se centró en el estudio de la teoría de la generación espontánea de microorganismos y, simultáneamente, se ocupó de los procesos de fermentación, en relación con el deterioro masivo del vino y la cerveza durante su preparación y transporte.

A partir de 1865, Louis Pasteur comenzó a estudiar las causas de la epidemia que afectaba a los gusanos de seda en el sur de Francia, la cual causó importantes daños a la sericultura. 

En 1868, la Universidad de Bonn, le concedió a Pasteur el doctorado honoris causa en Medicina. Sin embargo, tras la guerra franco-prusiana de 1871, Pasteur lo rechazó por motivos políticos. 

A partir de la década de 1870, y tras convertirse en miembro de la Academia Nacional de Medicina en 1873, Pasteur se dedicó casi por completo a los problemas médicos, debido a una tragedia personal: tres de sus hijos, como se mencionó anteriormente, murieron de fiebre tifoidea. 

En 1888, se inauguró el Instituto Pasteur de París, del que fue su primer director hasta su muerte, el 28 de septiembre de 1895. Fue enterrado en la cripta del instituto.

Fue honrado con numerosos premios científicos y estatales otorgados por distintos países del mundo. Una conmemoración anual, el Día Mundial contra la Rabia, coincide con el día de la muerte de Louis Pasteur. 

El académico francés Henri Mondor manifestó: "Louis Pasteur no era médico ni cirujano, pero nadie ha hecho tanto como él en favor de la medicina y de la cirugía". 

Pasteur se convirtió en uno de los fundadores de la microbiología y en uno de los principales impulsores de las bases científicas de la vacunación y del desarrollo de vacunas contra el carbunco, el cólera y la rabia. Sus trabajos en el campo de la estructura cristalina y la polarización sentaron las bases de la estereoquímica. 

Pasteur también puso fin al debate secular sobre la generación espontánea de algunas formas de vida, demostrando experimentalmente que esta teoría no era válida. 

Su nombre es ampliamente conocido gracias a la pasteurización, procedimiento que él desarrolló y que más tarde recibió ese nombre en su honor. 

Contribución científica de Pasteur

En 1848, Pasteur resolvió el misterio relacionado con el ácido tartárico, sustancia que parecía existir en dos formas de idéntica composición química, pero con propiedades diferentes según su origen. El ácido tartárico proveniente del vino era capaz de desviar el plano de polarización de la luz, mientras que el ácido tartárico obtenido sintéticamente no lo hacía, a pesar de contar con la misma fórmula química. 

Pasteur examinó al microscopio pequeños cristales de sales formadas a partir de ácido tartárico sintetizado en el laboratorio y observó algo muy curioso: había cristales de dos tipos distintos, ambos casi exactamente iguales, pero con simetría especular, como la que existe entre nuestras manos. 

La composición era la misma, pero la forma en que se asociaban los átomos podía dar lugar a dos estructuras diferentes y simétricas. 

Así, mientras una forma desviaba el plano de polarización de la luz hacia la derecha, la otra la desviaba hacia la izquierda. 

Más curioso aún fue que, cuando examinó cristales formados a partir de ácido tartárico natural, estos correspondían a uno solo de los dos tipos. Pasteur concluyó que los seres vivos, como la vid en este caso, producían el ácido de una manera que daba lugar a un único tipo molecular, el que polarizaba la luz hacia la derecha. Este hallazgo le valió a Pasteur la concesión de la Legión de Honor a los treinta años de edad. 

En esos años, algunos de sus contemporáneos, incluido el eminente químico alemán Justus von Liebig, insistían en que la fermentación era un proceso químico que no requería la intervención de ningún organismo. 

Con la ayuda de un microscopio, Pasteur descubrió que en la fermentación intervenían dos variedades de levaduras que eran fundamentales para el proceso. Uno producía alcohol y la otra, ácido láctico, responsable de agriar el vino. 

Utilizó un nuevo método para evitar el deterioro causado por los microorganismos en el vino, la cerveza o la leche, que consistía en calentar los líquidos hasta los 44 °C durante un corto período, manteniéndolos en recipientes bien sellados.

A pesar del rechazo inicial de la industria ante la idea de calentar el vino, un experimento controlado con lotes de vino calentado y sin calentar demostró la efectividad del procedimiento. Así nació la pasteurización, un proceso que actualmente contribuye a garantizar la seguridad de numerosos productos alimenticios en todo el mundo.

Pasteur demostró que los procesos de fermentación y descomposición orgánica se deben a la acción de organismos vivos y que el crecimiento de los microorganismos en caldos nutritivos no se debía a la generación espontánea.

Para demostrarlo, expuso caldos hervidos en matraces provistos de un filtro que evitaba el paso de partículas de polvo hasta el caldo de cultivo. Simultáneamente, expuso otros matraces que carecían de ese filtro, pero que poseían un cuello muy alargado y curvado, que dificultaba el paso del aire y, por lo tanto, de las partículas de polvo hasta el caldo de cultivo.

Al cabo de un tiempo, observó que nada crecía en ambos caldos, lo que demostraba que los organismos vivos que aparecían en los matraces sin filtro o sin cuellos largos provenían del exterior, probablemente del polvo o en forma de esporas. 

De esta manera, Pasteur mostró que los microorganismos no se formaban espontáneamente en el interior del caldo, refutando así la hipótesis de la generación espontánea y demostrando que todo ser vivo procede de otro ser vivo anterior.

Este principio científico, sustentado por Pasteur, fue presentado en la Sorbona en 1864, sentando las bases de la teoría germinal de las enfermedades y contribuyendo al desarrollo de la teoría celular. Esto produjo un cambio conceptual en la comprensión de la estructura de los seres vivos y favoreció el desarrollo de la microbiología. 

Teoría germinal de las enfermedades infecciosas

Luego de resolver el problema de la industria vinícola, Pasteur fue contactado en 1865 por el gobierno francés para que ayudara a determinar la causa de una enfermedad que afectaba a los gusanos de seda en el sur de Francia y que arruinaba la producción. 

Pasteur, como él mismo reconoció, no sabía nada de gusanos de seda. Sin embargo, creía que su falta de conocimientos en el tema representaba una ventaja, pues le permitiría afrontar el problema sin prejuicios. Tras los éxitos obtenidos, confiaba en que el método científico sería la herramienta que permitiría esclarecer el problema y encontrar una solución.

Emprendió una investigación basada en el ensayo y el error durante cuatro años y, tras estudiar meticulosamente las enfermedades del gusano de seda, pudo comprender los mecanismos de contagio. 

Mediante el microscopio, descubrió que en realidad no padecían una sola enfermedad, sino dos, causadas por sendos agentes infecciosos, que afectaban a los gusanos en su etapa inicial y a las hojas de morera de las que se alimentaban: el hongo responsable de la pebrina y diversas bacterias intestinales asociadas a la flacidez. 

Su diagnóstico fue drástico: los huevos y las hojas infectadas debían ser destruidos y reemplazados por otros nuevos. 

Mediante una rigurosa selección, pudo aislar un grupo sano y evitó que se contagiara. Sin embargo, no todo resultaba bien para Pasteur: sufrió una hemorragia cerebral que lo dejó casi hemipléjico del lado izquierdo. 

Una vez recuperado, publicó un libro en el que detallaba sus ensayos y descubrimientos, cuyos conocimientos otros países no tardaron en aplicar. Ya entonces, la industria local de la seda recogía los frutos de su aporte y obtenía ganancias por primera vez en una década, mientras que países como Australia e Italia adoptaban ampliamente su técnica de selección. 

El descubrimiento de un método para combatir la enfermedad de los gusanos de seda aumentó su fama y atrajo su atención hacia otras enfermedades contagiosas. 

La idea de que las enfermedades podían trasmitirse entre seres vivos resultaba evidente durante las epidemias, como la del brote de cólera ocurrido en Londres, que cobró la vida de 500 personas en un área de apenas 200 metros de radio. 

Mediante el interrogatorio de los infectados y el seguimiento del contagio, Jhon Snow logró identificar el origen del brote: una fuente de agua pública. 

Snow convenció a las autoridades de que clausuraran el pozo y la epidemia cesó. No obstante, la idea de una enfermedad contagiosa no resultaba obvia para la población, pues entraba en conflicto con las concepciones científicas de la época. El elemento que faltaba para dar coherencia a esta línea de pensamiento y resolver sus puntos débiles era descubrir qué era exactamente el agente transmisor de la enfermedad. 

En este contexto, Pasteur demostró experimentalmente, mediante el desarrollo de la teoría germinal de las enfermedades infecciosas, que toda enfermedad infecciosa se debe a la actividad de un organismo microscópico capaz de propagarse entre seres humanos, animales y vegetales y que, además, puede ser responsable de procesos químicos como la descomposición y la fermentación.

Este concepto demostró que la causa de los estados de alteración del organismo no provenía del interior del cuerpo debido a un desequilibrio de los humores, como se creía tradicionalmente desde los tiempos de Hipócrates y Galeno, sino de la acción de estos seres microscópicos con capacidad infectante.  

Su teoría fue controvertida e impopular. Para sus coetáneos, resultaba ridículo pensar que algo tan pequeño, incluso invisible, pudiera ocasionar la muerte de seres mucho más fuertes. 

De hecho, cabe recordar que Ignaz Semmelweis ya había pagado un alto precio por sostener una idea similar años antes. Los cirujanos se negaban a aceptar que la falta de higiene de sus manos hubiera provocado la muerte de cientos de miles de pacientes.

Uno de los cirujanos más destacados que siguió sus consejos fue el británico Joseph Lister, quien desarrolló las ideas de Pasteur y las sistematizó en 1865. 

Lister es considerado hoy uno de los principales impulsores de la antisepsia y realizó cambios radicales en la forma en que se practicaban las operaciones. Estableció que los cirujanos debían lavarse las manos y utilizar guantes, emplear instrumental quirúrgico esterilizado antes de su uso y limpiar las heridas con soluciones de ácido carbólico. 

Antes de Lister y Pasteur, pasar por el quirófano era, en muchos casos, una sentencia de gangrena y muerte. 

El propio Pasteur, en 1871, sugirió a los médicos de los hospitales militares que hirvieran el instrumental y los vendajes. También describió un horno, denominado “horno Pasteur”, precursor del autoclave, que podía utilizarse para esterilizar instrumental quirúrgico y material de laboratorio. 

Desarrollo de la vacuna

En 1880, Pasteur realizaba experimentos con pollos para determinar los mecanismos de transmisión de la bacteria causante del “cólera aviar”, enfermedad que afectaba numerosas aves. 

Junto con su ayudante, Charles Chamberland, inoculaba la bacteria Pasteurella multocida en los pollos y evaluaba el desarrollo de la enfermedad. 

La historia cuenta que Pasteur iba a tomarse unas vacaciones y encargó a Chamberland que inoculase a un grupo de pollos con un cultivo de la bacteria. Sin embargo, Chamberland olvidó hacerlo y también se fue de vacaciones. 

Cuando ambos volvieron al cabo de un mes, los pollos no estaban infectados y el cultivo de bacterias continuaba donde lo habían dejado, pero se encontraba muy debilitado. Chamberland inoculó a los pollos de todos modos y los animales no murieron. Desarrollaron algunos síntomas y una forma leve de la enfermedad, pero sobrevivieron. 

El ayudante, avergonzado, iba a matar a los animales y comenzar de nuevo cuando Pasteur lo detuvo. La idea de una versión debilitada de un agente infeccioso podía generar inmunidad frente a su forma virulenta ya era conocida desde 1796, gracias a los trabajos de Edward Jenner, y Pasteur estaba al tanto de ello. 

Con esta premisa, expuso nuevamente a los pollos al cólera aviar, y estos sobrevivieron, pues habían desarrollado una respuesta inmunitaria. 

Pasteur denominó a esta técnica “vacunación”, en honor a Edward Jenner. La diferencia entre la vacuna de Jenner y las vacunas contra el ántrax y el cólera aviar es que estas últimas fueron las primeras desarrolladas a partir de patógenos debilitados artificialmente. 

A partir de ese momento, ya no hacía falta encontrar bacterias adecuadas para las vacunas: las propias bacterias causantes de la enfermedad podían ser debilitadas y utilizadas para desarrollar vacunas.

Pasteur puso este descubrimiento en práctica poco después, en el estudio de otras enfermedades causadas por agentes bacterianos. En 1881, demostró la eficacia de su vacuna contra el carbunco en un experimento con un rebaño de ovejas. Inoculó a la mitad de los animales con la vacuna y posteriormente los expuso al agente causante de la enfermedad, mientras que la otra mitad no recibió la vacuna. Las ovejas inoculadas con la vacuna sobrevivieron mientras que las restantes murieron. 

En sus estudios sobre la rabia, utilizaba conejos infectados con la enfermedad y, cuando estos morían, secaba el tejido nervioso para debilitar el agente patógeno responsable de la enfermedad, que hoy sabemos que es un virus. 

Experimentó con ese agente patógeno debilitado en otros animales. Como dato histórico, se sabe que, en 1885, un niño llamado Joseph Meister, fue mordido por un perro rabioso, cuando la vacuna de Pasteur solo había sido probada con unos pocos perros. 

El niño probablemente moriría si desarrollaba la enfermedad; cuando desarrollase la enfermedad; pero Pasteur no era médico, de modo que, si lo trataba con una vacuna que aún no había sido suficientemente probada, podía enfrentarse a un problema legal. Sin embargo, tras consultar con sus colegas y con algunos médicos, decidió inocular la vacuna al muchacho. 

El tratamiento tuvo un resultado exitoso: el niño se recuperó de las heridas y nunca desarrolló la rabia. Pasteur, nuevamente, fue reconocido como un héroe por la comunidad científica y la sociedad de su época. 

Algunas publicaciones

Pasteur Vallery-Radot (ed.). Œuvres de Pasteur. Masson, París

  • Dissymétrie moléculaire.
  • Fermentations et générations dites spontanées. 
  • Études sur le vinaigre et sur le vin.
  • Études sur la maladie des vers à soie. 
  • Études sur la bière.
  • Maladies virulentes, virus-vaccins et prophylaxie de la rage.
  • Mélanges scientifiques et littéraires.

Pasteur Vallery-Radot (ed.). Correspondance de Pasteur. Flammarion, París.

  • Vol. 1: Lettres de jeunesse. L’Étape de la cristallographie 1840–1857. 1946.
  • Vol. 2: La seconde étape. Fermentations, générations spontanées, maladies des vins, des vers à soie, de la bière 1857–1877. 1951.
  • Vol. 3: L’Étape des maladies virulentes. Virus-vaccins du choléra des poules, du charbon, du rouget, de la rage 1877–1884. 1951.
  • Vaccination de l’homme contre la rage.

Cuadernos de laboratorio

A raíz de algunas experiencias desagradables para Pasteur, entre ellas sus polémicas con el químico Antoine Béchamp, en 1878 pidió a su familia que nunca mostrara sus cuadernos de laboratorio a nadie. 

En 1964, Pasteur Vallery, último descendiente directo varón sobreviviente del famoso bacteriólogo, entregó los cuadernos de laboratorio a la Biblioteca Nacional de Francia, donde quedaron disponibles para su consulta.

En total, son 144 cuadernos: 42 de ellos contienen recortes de periódicos, apuntes de clase y otros documentos. Los 102 cuadernos restantes contienen notas de laboratorio y 40 documentos de investigación anual.