Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero.

Fue un médico neurocirujano, neurobiólogo y sanitarista argentino, que se integró en la corriente conocida como Escuela Neurobiológica Argentino-germana y produjo trabajos de antropología filosófica, dejando esbozada la "Teoría general del hombre". 

Fue el primer ministro de salud en el gobierno de Juan Domingo Perón, la aceptación de dicha propuesta, le permitió concretar algunas de sus ideas; pero, sus variadas críticas al peronismo hicieron lugar a que más tarde Perón le pidiera la renuncia, tras lo cual debió abandonar el país. 

Su figura y su obra fueron reconocidas más tarde por el presidente de facto, general Alejandro Agustín Lanusse, quien gestionó la repatriación de sus restos en 1972 e impuso su nombre a diversos hospitales.

Nació en el seno de una familia acomodada. Tuvo cuatro hijos. Su padre, egresado de la Escuela Normal de Paraná, fue docente del Colegio Nacional de Santiago del Estero, periodista y tres veces diputado provincial por el partido conservador. 

Su bisabuelo, don Marcos Carrillo, fue un oficial español que luchó para el bando realista y cayó prisionero del general Manuel Belgrano en la batalla de Salta. 

Luego de cursar sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal, partió rumbo a Buenos Aires, para iniciar la carrera de Medicina, que cursó de manera brillante, siendo alumno del neurólogo alemán Cristofredo Jakob.

Al acercarse el final de su etapa universitaria, comenzó con sus primeras manifestaciones políticas públicas. De este modo, entre 1927 y 1929, Carrillo publicó una serie de artículos en la Revista del Círculo Médico. 

En 1929, al graduarse de médico, obtuvo la medalla de oro al mejor alumno de su promoción. Desde su época de estudiante, se inclinó hacia la neurología y la neurocirugía, colaborando con el doctor Manuel Balado, eminente neurocirujano de la época, con quien realizó sus primeros trabajos científicos.

Se unió al Centro de Estudiantes de Medicina y, en 1930, entre los meses de mayo y junio, estuvo a cargo de la dirección de una publicación mensual del mismo, cuyo objetivo era difundir las investigaciones médicas de los estudiantes, doctores jóvenes y de algunos notables de la Facultad de Medicina. 

Dicha publicación se destacó por la vehemencia con que sus autores abogaron por la renovación y, entre 1930 y 1945, Carrillo produjo investigaciones originales sobre las células cerebrales que no son neuronas, denominadas neuroglías, y los métodos para teñirlas y observarlas al microscopio, así como sobre su origen evolutivo y la anatomía comparada de los cerebros de las diversas clases de vertebrados.

En ese periodo, aportó nuevas técnicas de diagnóstico neurológico, las que, por la carencia en la época de medios electrónicos, no pudo integrar con la computación, pero fue precursor de lo que hoy se conoce como tomografía computada y su combinación con el electroencefalograma, llamada tomoencefalografía. 

También, investigó sobre las alteraciones del cerebro que ocurren en sus cisternas y los síndromes que aparecen tras una conmoción o traumatismo cerebral cerrado. Descubrió la enfermedad de Carrillo o papilitis aguda epidémica; describió las esclerosis cerebrales, durante cuya investigación realizó numerosos trasplantes de cerebro vivo entre conejos, y reclasificó histológicamente los tumores cerebrales y las inflamaciones de la envoltura más íntima del cerebro, llamadas aracnoiditis.

Entre 1935 y 1943, Carrillo estuvo afiliado al partido Demócrata Nacional y fue delegado por Santiago del Estero al Comité Nacional por la fracción renovadora de dicho partido.

En 1937, padeció una enfermedad que le produjo alta fiebre, la que le dejó secuelas tales como hipertensión y cefaleas, que eran progresivamente más severas, logrando sobrevivir gracias a la dedicación clínica de su amigo de toda la vida, Salomón Chichilnisky, médico y literato, quien había comenzado cargando bolsas en el puerto para mantener a sus padres y hermanos y, superando enormes obstáculos, había llegado a ser catedrático de neurología. 

Durante esos años, Carrillo se dedicó únicamente a la investigación y a la docencia, hasta que, en 1939 se hizo cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central, en Buenos Aires. 

Este empleo le permitió conocer con mayor profundidad la realidad sanitaria del país. Tomó contacto con las historias clínicas de los aspirantes al servicio militar, que procedían de toda la Argentina, y pudo comprobar la prevalencia de enfermedades vinculadas con la pobreza, sobre todo en los aspirantes de las provincias menos desarrolladas. 

Llevó a cabo estudios estadísticos que determinaron que el país solo contaba con el 45 % de las camas necesarias y gran desigualdad entre las diferentes regiones, dado que algunas de ellas apenas contaban con 0,001 camas por mil habitantes. Confirmó de esta manera sus recuerdos e imágenes de provincia, que mostraban el estado de atraso en que se encontraba gran parte del interior argentino.

Al mantener dos empleos debido a su necesidad de ingresos, ya que ayudaba a sostenerse a su madre y diez hermanos menores, procurando que todos completaran una carrera profesional, en 1942 Carrillo ganó por concurso la titularidad de la cátedra de Neurocirugía de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. 

Allí formó una escuadra de talentosos discípulos, entre ellos a Germán Dickman, Raúl Matera, D. E. Nijenshon, Raúl Carrea, Fernando Knesevich, Lorenzo Amezúa, Jorge Cohen, Jacobo y León Zimman, Rogelio Driollet Laspiur, Juan C. Cristensen y Alberto D. Kaplan.

Obtuvo una beca universitaria para perfeccionarse en Europa, en las especialidades elegidas, donde trabajó e investigó junto a los más destacados especialistas del mundo, entre ellos Cornelius Ubbo Ariëns Kappers. 

Tras perfeccionarse en Europa, regresó a Buenos Aires en una época de complicación política. Tomó contacto con figuras emblemáticas de una corriente nacionalista de auge en aquella época. 

Se vinculó con su compañero de estudios primarios, Homero Manzi, y con otros hombres, como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Armando y Enrique Santos Discépolo, impulsores de las ideas nacionalistas en el ámbito artístico; y se asoció con la Escuela Neurobiológica Argentina, desarrollando su actividad en el Hospital de las Mercedes y el Hospital de Alienadas, luego llamados Hospital José T. Borda y Hospital Braulio Moyano, respectivamente. 

Se produjo en él un brusco viraje profesional, abandonando su carrera como neurobiólogo y neurocirujano para dedicarse al desarrollo de la sanidad pública, desde donde podría concretar algunas de sus ideas.

En 1943, Carrillo formó parte de los miembros del Comité Nacional del Partido Demócrata Nacional, que aprobó la fórmula presidencial de la concordancia, integrada por Patrón Costas y Manuel de Iriondo, para las elecciones de septiembre de 1943; pero el golpe de Estado militar, las anuló. 

En 1944, a raíz del terremoto de San Juan, el ministro de Trabajo y Previsión, coronel Juan Domingo Perón, quien más tarde se convertiría en presidente de la Nación, fue convocado junto a otros médicos de renombre para formar un gabinete de emergencias que proveyera atención sanitaria básica a la población afectada y coordinara las tareas de primeros auxilios. 

Perón, al conocer a Carrillo, lo invitó a colaborar en la planificación de la política sanitaria de su gobierno. 

Poco después, a los 39 años de edad, Ramón Carrillo prestó servicios brevemente como Decano de la Facultad de Medicina. Le tocó intermediar varios meses en un conflicto universitario altamente politizado entre izquierdas y derechas.

En 1946, luego de ser electo Juan Domingo Perón como presidente, nombró a Carrillo al frente de la Secretaría de Salud Pública, la que posteriormente se transformaría en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación. 

Carrillo nombró como secretario de Salud al Dr. Chichilnisky, acompañado del médico científico Braulio Moyano, pero Moyano dijo sentirse incapaz de desempeñar ese rol y prefirió permanecer como científico. 

Una de las primeras medidas de Carrillo fue implementar el tren sanitario, el que recorría el país durante cuatro meses al año, realizando análisis de casos clínicos y radiografías, y ofreciendo asistencia médica y odontológica hasta en los lugares más remotos del país, llegando a muchos de ellos donde nunca había llegado un médico. La esposa de Perón, Eva Duarte, coordinó su accionar con el de Carrillo y contribuyó a consolidar su obra técnica. 

Su gestión se caracterizó por dar prioridad al desarrollo de la medicina preventiva, a la organización hospitalaria y a conceptos como la "centralización normativa y descentralización ejecutiva". 

Desde la gestión de Carrillo, se comenzaron a aplicar normas sanitarias, como las campañas masivas de vacunación y la obligatoriedad de presentar los certificados de esas vacunas en las escuelas y para realizar ciertos trámites. 

Se implementaron campañas masivas a nivel nacional contra la fiebre amarilla, las enfermedades venéreas y otros flagelos.

También se destaca la creación de la Empresa de Medicamentos del Estado Argentino (EMESTA), primera fábrica nacional de medicamentos, así como el apoyo a los laboratorios nacionales por medio de incentivos económicos para que los medicamentos pudieran estar disponibles para la mayoría de la población.

Durante su gestión, se inauguraron centenares de nuevos establecimientos sanitarios y hospitales, entre ellos:

  • Hospital de Roque Sáenz Peña, en la provincia del Chaco.
  • Hospital de Jobson-Vera, en la provincia de Santa Fe.
  • Hospital de Pinto, en la provincia de Santiago del Estero.
  • Hospital de Chos Malal, en la provincia de Neuquén,
  • Hospital de Valcheta, en la provincia de Río Negro.
  • Hospital de Cruz del Eje, en la provincia de Córdoba.
  • Instituto de Gastroenterología, Hemoterapia y Dermatología, en la ciudad de Buenos Aires. 

Se lanzaron planes masivos de educación sanitaria y campañas intensivas de vacunación, con lo que, en pocos años, se logró la erradicación del paludismo, la eliminación de las epidemias de tifus y brucelosis, se logró combatir casi por completo la sífilis y disminuir a la mitad la incidencia de la enfermedad de Chagas. 

Las estructuras de varios hospitales que se comenzaron a construir durante su gestión fueron abandonadas tras su exilio y nunca fueron habilitadas. Muchas fueron derribadas o abandonadas. 

Como ejemplo de ello, el llamado “Elefante blanco”, tenía como objetivo ser el hospital más grande de toda Latinoamérica, pero nunca se llegó a concretarse, ya que, luego de que Carrillo dejara el Ministerio, el edificio quedó abandonado. 

Un caso similar fue el destino de la ampliación del Hospital Borda, que se dejó sin uso hasta 2004, año en que fue demolida.

Durante la gestión de Carrillo, se aumentó el número de camas hospitalarias existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954. 

Llevó adelante una campaña para erradicar el paludismo o malaria, dirigida por los doctores Carlos Alberto Alvarado y Héctor Argentino Coll; la enfermedad se consideró erradicada en solo dos años. 

Hizo desaparecer prácticamente la sífilis y otras enfermedades venéreas. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis, de 130 por 100.000 a 36 por 100.000. Terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis, y logró que la mortalidad infantil bajara del 90 por mil en 1943 al 56 por mil en 1955. 

Mediante una intensa actividad epistolar con el estadounidense Norbert Wiener, conocido como "creador de la cibernética", Carrillo aplicó la cibernética al arte de gobernar con el nombre de cibernología, creando el Departamento de Cibernología en 1951.

Fue amigo del médico argentino Orlando Canavesio, con quien creó el Instituto de Psicopatología, que hoy es el Hospital Ameghino, y ambos llevaron a cabo estudios con psíquicos y radiestesistas. 

En 1954, Perón le exigió la renuncia a Ramón Carrillo debido al enfrentamiento que este sostenía con el vicepresidente, Alberto Tesaire, por ser este último, masón y anticatólico. 

Carrillo exigía al peronismo una mayor apertura política, solicitando que terminara con la propaganda reiterativa, que hiciera un replanteo de la política educativa y que terminara con la falta de imaginación de la Secretaría de Prensa y Difusión, la cual era dirigida por Raúl Apold. 

Debido a estas circunstancias, el Dr. Carrillo debió exiliarse. Se negó a renunciar oficialmente, pero dejó una carta a Perón en la que le expresó su dolor por el hecho de haberle solicitado la renuncia, señalando, asimismo, que no hacía falta su renuncia escrita, ya que hacía más de un año que su palabra no era escuchada.

Exilio, actividad posterior y fallecimiento

El 15 de octubre de 1954, Carrillo se embarcó en la motonave Evita rumbo a Nueva York, con el fin de exiliarse en Estados Unidos. Comenzó a enfrentar dificultades económicas y a sufrir un empeoramiento de su salud. 

A raíz de su progresiva enfermedad, en el país del norte se sometió a un intenso tratamiento, con el cual logró algunas mejorías transitorias. Debido a que la vida en Nueva York se le hizo demasiado onerosa, Carrillo consiguió un empleo en la empresa estadounidense Hanna Mineralization & Co., la cual tenía una explotación en Brasil, a 150 kilómetros de la ciudad de Belém de Pará. 

El 1 de noviembre de 1955, llegó a Brasil y, desde el primer momento, se vinculó con el hospital de la Universidad de Belém do Pará, llamado Santa Casa de Misericordia do Pará, sin darse a conocer su identidad. 

Sin embargo, en el hospital le dijeron que no podían emplearlo como médico, a lo que él respondió que solo deseaba colaborar. Allí conoció a un joven médico, el doctor Jourdy, quien se convirtió en su amigo y discípulo. 

Los avanzados conocimientos que Jourdy recibió de Carrillo llamaron la atención de los profesionales del hospital. Por esta razón, sus autoridades pidieron informes a Río de Janeiro sobre el doctor Carrillo, a través de las cuales se enteraron de su actuación científica y política. 

Desde ese momento, Carrillo fue convocado para importantes consultas, a exponer en conferencias y a dar clases en el Hospital de Aeronáutica de Belém y en la Santa Casa de Misericordia do Pará. 

Pese a su actividad en Belem do Pará, en marzo de 1956, Carrillo le anunció a su esposa que le quedaban unos nueve meses de vida, luego de analizar un examen médico que se había realizado. 

Su pronóstico fue acertado, el 28 de noviembre de 1956, el doctor Ramón Carrillo sufrió un accidente cerebrovascular y fue internado en el Hospital de Aeronáutica de Belém do Pará, donde finalmente falleció el 20 de diciembre de 1956.

Aportes científicos

Carrillo aportó nuevas técnicas de diagnóstico neurológico, como la yodoventriculografía, técnica que, por la carencia de medios electrónicos en la época, no pudo integrarse con la computación, pero fue precursora de lo que hoy se conoce como tomografía computada y de su combinación con el electroencefalograma, llamada tomoencefalografía. 

  • Investigó las herniaciones del cerebro y los síndromes que ocurren tras una conmoción o traumatismo cerebral cerrado. 
  • Descubrió la enfermedad de Carrillo o papilitis aguda epidémica.
  • Describió la esclerosis cerebral.
  • Reclasificó histológicamente los tumores cerebrales y las inflamaciones de la envoltura más íntima del cerebro, llamadas aracnoiditis.
  • Propuso una clasificación de las enfermedades mentales. 

Legado

Numerosos autores coinciden en que el legado más importante que dejó el Dr. Carrillo fueron las ideas, principios y fundamentos que acompañaron su accionar, expresados en la siguiente reflexión: 

“Los problemas de la medicina, como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social, del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría. Sólo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”.

Carrillo sentó las bases de la medicina preventiva en Argentina mediante un plan integral que ubicó al país en la vanguardia en la materia. Como parte de los Planes Quinquenales, este plan abarcó la totalidad del territorio, contemplando sus características culturales y geoclimáticas para trazar un preciso mapa sanitario del país. 

Marcos A. Ordóñez, escribió: 

"Murió a los cincuenta años, pobre, enfermo y exiliado en Belem de Pará, ciudad del norte de Brasil, el 20 de diciembre de 1956. Quizá, pensando, como lo hizo el gran libertador   Simón Bolívar, que había arado en el mar... Quizá una de sus frases más célebres nos indique que aún su obra está inconclusa: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.

Su obra intelectual fue legada por testamento a Raúl Sciarretta, un colaborador que tuvo en el Ministerio de Salud Pública y que fuera cesanteado en 1955 junto con todo el equipo. En 1973, Sciarretta fue reincorporado y logró editar "Teoría del Hospital" en dos tomos, por editorial Eudeba. 

Anécdotas

En su visita a la Argentina, la actriz estadounidense Josephine Baker quiso conocer a Carrillo debido a la fama de sus políticas públicas de salud. En esa oportunidad, la actriz le preguntó por la situación de los negros en Argentina. Carrillo, sonriendo, le contestó: “En Argentina el único negro que queda soy yo”.

En otra oportunidad, visitó la Argentina un famoso mentalista que alquiló un estadio para demostrar sus habilidades. En un momento le llevaron a un niño sordomudo. El mentalista lo instó a que hablara y el niño dijo "mamá" ante el fervor de los asistentes. 

Carrillo hizo ubicar a la madre y al niño y los llevó al Ministerio de Salud. Allí, ella confesó que el niño hacía meses que asistía a una escuela de sordos. Quedó en claro que no había ningún milagro, sino que el hecho que el niño dijera “mamá” era algo de lo que había aprendido en la escuela especial. 

Reconocimientos

Su figura y su obra fueron reconocidas más tarde por el presidente de facto, el general Alejandro Agustín Lanusse, quien gestionó la repatriación de sus restos en 1972. Durante su mandato, Carrillo fue reconocido como mentor y ejecutor de un plan sanitario cuidadosamente diseñado y ejecutado, y su nombre fue impuesto a numerosos hospitales e instituciones argentinas vinculadas a la salud pública. 

En 2005, su hermano Arturo Carrillo editó un libro que expone la magnitud de sus logros y sacrificios.

El 9 de diciembre del mismo año, el gobierno argentino decretó el 2006 como "Año de homenaje a Ramón Carrillo", lo que dio lugar a numerosos actos de desagravio y a la reedición de las ideas de medicina social que guiaron su labor.

En 2023 entró en circulación en Argentina el billete de 2.000 pesos, con los retratos del Dr. Ramón Carrillo y de la Dra. Cecilia Grierson en el anverso.